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Mostrando entradas de octubre, 2025

24 "Pinina" La voz que no debía recordarse

  CAPÍTULO 24 "Pinina" La voz que no debía recordarse Fue en aquella mañana de junio cuando el país entero respiraba fútbol y esperanza —eran las 10:07, hora en que Colombia enfrentaba a Yugoslavia en tierras italianas y los gritos de gol parecían conjuros contra la muerte—, que John Jairo Arias Tascón supo, sin saberlo todavía, que su imperio de sangre había comenzado a desmoronarse como se desmoronan los edificios que él mismo había volado: desde adentro, con la precisión de quien conoce dónde duele más. Le decían Pinina por aquella voz que recordaba a una niña de telenovela argentina, una voz chillona y frágil que contrastaba obscenamente con el catálogo de atrocidades que firmaba cada semana. Era una ironía que a Pablo Escobar le resultaba graciosa: que el hombre encargado de orquestar magnicidios tuviera voz de Andrea del Boca, que el arquitecto de la muerte masiva hablara como si pidiera permiso para ir al baño. Por eso casi nunca hablaba Pinina , y ese silencio...

23. El Reino de los Hipopótamos y el Humo

  Capitulo 23 El Reino de los Hipopótamos y el Humo Fue en aquellos años cuando la cocaína perfumaba el aire de Medellín como el incienso en las iglesias, y los billetes caían del cielo igual que las hojas de octubre, que un hombre llamado Pablo Emilio Escobar Gaviria —a quien los campesinos llamaban El Patrón y los niños San Pablo de los Pobres — construyó su imperio sobre una montaña de polvo blanco que valía más que todas las cosechas de café de la historia patria, mientras los gringos del norte se drogaban con el veneno que él les vendía y los políticos de Bogotá fingían no ver las avionetas que surcaban la noche como murciélagos cargados de muerte. Dicen los que lo conocieron —y todavía viven para contarlo, que no son muchos— que Escobar nunca bebió aguardiente ni ron, porque desconfiaba de todo aquello que le hiciera perder el control de su lengua, aunque cada madrugada, cuando el reloj marcaba las tres en punto con una precisión que espantaba a sus guardaespaldas, enc...

22. Crónica del hombre que convirtió la química en profecía

  Capitulo 22 Crónica del hombre que convirtió la química en profecía Fue en aquella madrugada de marzo, cuando las rosas del cementerio de Cali amanecieron negras y los perros dejaron de ladrar en todo el Valle, que Don Chepe —así le decían al que fuera ingeniero químico con maestría y diploma enmarcado en caoba, pero también alquimista de polvos que prometían paraísos y entregaban infiernos— dejó de respirar en una carretera llamada La Cola del Zorro , donde durante años los cadáveres habían caído como frutos podridos de un árbol maldito. Cuentan los viejos del barrio que José Santacruz Londoño nació en 1943 con una marca de fuego en la frente que sólo su madre podía ver, señal inequívoca de que ese niño estaba destinado a transformar el mundo mediante ecuaciones que ningún profesor podría haber previsto. Creció junto a los hermanos Rodríguez Orejuela — Gilberto y Miguel —, tres muchachos que jugaban canicas en las calles empedradas de Cali mientras el río Cauca arrastr...

21. La Alianza de los Perseguidos

  Capítulo 21 La Alianza de los Perseguidos Era el tiempo en que los muertos no terminaban de morirse en Medellín , cuando las viudas aún no acababan de contar a sus difuntos y los sicarios cobraban por adelantado el precio de cadáveres que todavía respiraban, que Fidel Castaño —aquel hombre de ojos de hielo y manos manchadas hasta los codos— supo que había llegado la hora de hacer del enemigo un aliado y del aliado un verdugo. Porque así funciona el negocio de la venganza en estas tierras donde la traición tiene más hijos que la lealtad, donde los pactos se sellan con sangre ajena y las alianzas duran lo que tarda un hombre en caer desde un tejado con tres balazos en el pecho. Dicen los que sobrevivieron a aquellos días —y son pocos, tan pocos que cabrían en un confesionario— que Los Pepes nacieron una madrugada de septiembre de 1992, cuando el sol salió negro sobre las montañas de Antioquia y las calles amanecieron regadas de panfletos que anunciaban lo que todos sabían per...

20. La Fiscal que Miraba a los Muertos a los Ojos

  CAPÍTULO 20 La Fiscal que Miraba a los Muertos a los Ojos Dicen los viejos del barrio Mallorca que aquella mañana del lunes 19 de octubre de 1992, el cielo amaneció del color de las premoniciones, de ese gris plomizo que huele a pólvora antes de que se dispare el primer tiro, pero nadie —ni los pájaros que callaron sus trinos, ni los perros que aullaron sin razón a las cinco de la madrugada— pudo advertirle a Miryam Rocío Vélez Pérez que ese sería el último día en que besaría la frente de sus hijos, el último en que su voz resonaría en los pasillos del edificio La Alpujarra , el último en que su nombre sería pronunciado por bocas vivas y no por epitafios grabados en mármol frío. Se levantó, como todas las mañanas de su vida adulta, a las seis en punto —hora sagrada de los funcionarios que desafían a la muerte con expedientes—, y fue primero al cuarto de Catalina , su niña de ojos oscuros que aún dormía con la placidez de quien no sabe que su madre investigaba a hombres capac...